Tengo la impresión que el divorcio se ha convertido en una practica que carece de valor, se tira y se rompe cuando convenga, no importa nada y, si mucho me apuras te diré, que por desgracia está de moda. Todo aquello que termina en la red de redes tiene el respaldo mayoritario de la sociedad en la que vivimos. Ahora por 450 € puedes obtener un divorcio muy apañado sin moverte del sillón de tu casa. Todo son facilidades, la transformación es total, hemos sido capaces de convertir un valor incalculable (matrimonio) en un producto de consumo, al uso.
Parece que deshacer una familia con hijos, no tiene ninguna importancia. No es necesario que uno de sus componentes sea un ser intratable que hace la vida imposible al resto del entorno. Ahora por lo que me cuentan, la más mínima tontería o roce entre los cónyuges, es más que suficiente para iniciar los trámites de un divorcio exprés. Si se puede hacer cuanto antes, mejor, como los niños son pequeños sufren menos. Así de simple, la pareja decide rehacer sus vidas como si nada hubiese pasado. ¡Fantástico¡ somos los mejores.
Con la misma frialdad con la que cuento esta nefasta vivencia, es como se produce en la realidad el acontecimiento, con la más dramática frivolidad. Estoy convencido que esta proliferación de divorcios que se produce diariamente no puede conducir a nada bueno para el futuro de nuestra sociedad. El padre y la madre que no ponga en valor la riqueza de su encuentro amoroso contribuyen en primera persona a ser los protagonistas de una obra fracasada, inacabada. Con reminiscencias sociales impredecibles.
Lo primero que debería plantearse una pareja en crisis es que no están sola para tomar decisiones de esta naturaleza. Deben aparcar sus egoísmos personales y ponerse seriamente a trabajar siendo conscientes del entorno en el que están conviviendo. Cualquier escusa no es valida para romper un vínculo sagrado. Cualquier razonamiento debe ser valido sobre todo si existe la voluntad y el amor suficiente para reconducir una situación difícil de las muchas que se presentan en todas las relaciones de pareja y de no pareja. Tantas facilidades como las que hay ahora para romper un vinculo sagrado no son buenas ya que propician y aceleran las decisiones de ruptura.
Los que pasamos hace tiempo por la vicaria para contraer matrimonio y hemos tenido toda clases de vicisitudes, buenas y malas y, hemos constituido una familia cristiana, no comprendemos que las parejas modernas no luchen hasta donde haga falta por salvar su familia y se aventuren a romperla para iniciar otra experiencia que lo más probable es que sea, otro fracaso. Es necesario reflexionar, en el inicio de las relaciones desde el momento en el que se conocieron. Cuando lo único que importaba era ganar tiempo al tiempo para poder compartir esos momentos de felicidad que luego se han agotado. Como llegar a olvidar esos viajes de recién casados y otros muchos que dejaron recuerdos maravillosos difíciles de olvidar. El nacimiento del primer hijo, acontecimiento único en todo matrimonio que se precie de tal. La primera casa, tal o cual coche y así un largo etc. de recuerdos que pueden incluso poner la piel de gallina.
Hay otros vínculos que tampoco debemos olvidar, nuestro compromiso con la Iglesia Católica, con Dios, con la Virgen con el propio sacramento contraído, con nuestra propia unidad familiar. Todo esto no se puede evaporar de la noche a la mañana por unas diferencias que ni siquiera se han intentado subsanar. Llegado este punto siempre recuerdo el gran esfuerzo que realizan los deportistas de élite para llegar con éxito a su objetivo, horas y horas diarias de entrenamiento riguroso para en ocasiones ni siquiera poder alcanzar podio. Eso es el matrimonio, horas y horas de entrenamiento constante para fortalecer la relación única por la que vale la pena esforzarse. Lo fácil es lo otro, dar la estampida y además de mala manera, esa es la destrucción del ser humano, como tal.
Son innumerables las citas encontradas sobre la opinión del amado Juan Pablo II sobre la “inmadurez afectiva”, veamos algunas:
… el Papa Wojtyla subrayó: el matrimonio cristiano es un sacramento «indisoluble que ni siquiera yo puedo disolver». Recordó lo que uno de sus antecesores se vio obligado a advertir a Enrique VIII de Inglaterra.
«la ligereza con que se afronta el problema matrimonial, la dificultad para aceptar una opción de vida que comporte un compromiso duradero y vinculante en los buenos y en los malos momentos, el rechazo del sacrificio y una concepción desviada de la libertad que se convierte en aceptación implícita del divorcio como solución a situaciones humanamente adversas y dolorosas».
«se extiende por la sociedad como una plaga» y los juristas deben rechazar hacerse partícipes de «la maldad».
“En realidad, este bien se sitúa precisamente en la base de toda la sociedad, como condición necesaria de la existencia de la familia. Por tanto, su ausencia tiene consecuencias devastadoras, que se propagan en el cuerpo social como una plaga, e influyen negativamente en las nuevas generaciones, ante las cuales se ofusca la belleza del verdadero matrimonio”.
Tomemos todos buena nota para seguir construyendo una sociedad del amor en la que la familia sea la piedra vital para el desarrollo del proyecto.
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