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¿Por qué hay tanta escasez de buenos sacerdotes?
Un buen sacerdote debe, entre otras muchas cosas, tener la virtud de saber comunicarse con sus feligreses, sabiendo en que podrá ayudarles para aumentar su fe. Es imprescindible que al dirigirse a ellos, sobre todo los domingos en la homilía, sepa transmitir y despertarles el apetito de querer saber más. Con su intervención deberá conseguir que al menos, algunas personas acudan a su biblioteca espiritual para enriquecer la información recibida.
El sacerdote del siglo XXI debe tener plena consciencia de que en su parroquia se constituye el semillero de futuras vocaciones. Los jóvenes son los que deben encontrar su vocación en los centros parroquiales. Un buen sacerdote con su testimonio debe ilusionar a los jóvenes para que estos sean capaces de darle un sentido a su vida.
Para conseguir este perfil de sacerdote eficiente es necesario que los seminarios sean adaptados a modelos de enseñanza acordes con las necesidades actuales. Todo ha cambiado en muy pocos años, también lo debe hacer el personal consagrado ya que tiene mucho potencial intelectual para asimilar los cambios necesarios.
Mayor liderazgo en la personalidad del sacerdote sería una virtud muy aconsejable en estos momentos en los que la sociedad se inclina por derroteros sin sentido. El sacerdote debe ser consciente de que su testimonio puede ser interpretado en múltiples versiones, unas mejores que otras.
No es fácil encontrar estos perfiles. Como en todo colectivo humano se dan todo tipo de circunstancias, la diferencia es que en este, la sensibilidad es mayor que en otros y sus consecuencias también. No quisiera pensar que las máximas jerarquías de la iglesia no se ocupen de mejorar la eficiencia de sus pastores y considerasen que no hace falta. Sería un grave error. Es mucho lo que se puede y se debe hacer en los seminarios.