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¿Qué podemos hacer para ser Santos?
Jesús de Nazaret, Juan Pablo II, Teresa de Calcuta, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Jr fueron auténticos líderes mundiales y consiguieron éxitos imcuestionables. Curiosamente es muy improbable ver a las escuelas de negocios, tan volcadas en estas disciplinas, referenciar los éxitos conseguidos por estos líderes irrepetibles. A todos ellos les hicieron líderes, sus arraigadas convicciones.
En el plano de las instituciones pasa otro tanto, pocos reconocen el largo camino recorrido por la Iglesia Católica, más de 2000 años, que por sí solo, lo dicen todo.
Esto viene al caso de comparar las actividades de un liderazgo empresarial con las de un liderazgo espiritual. El primero tiene una serie de objetivos y para conseguirlos debe, normalmente, aceptar una educación a lo largo de todo un proceso. En el segundo caso, el objetivo es mucho más claro y perfectamente definido, llegar a la casa del Padre. En este caso el proceso educativo es mejorable.
Dice Tomás H de Kempis: En todas las cosas mira siempre el fin, y piensa como te hallarás un día en presencia de aquel Juez estricto a quien nada se le oculta; que no se aplaca con dádivas, ni admite paliativos, sino que juzgara según justicia.
Para llegar con éxito a este momento de nuestra vida, no nos toca otro remedio que apuntar a lo más alto, es decir, trabajar para conseguir ser santo. Ya se encargaran las circunstancias para que todo quede a un plano inferior por que el compromiso es fuerte.
Para cumplir el objetivo las herramientas que tenemos a nuestro alcance son múltiples y variadas. Yo me quedaría con tan solo dos, el cumplimiento de los 10 mandamientos de la Ley de Dios y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Cabe preguntarse, ¿Es ello suficiente? Podría, pero no lo es. ¿Por qué? Son varias las razones pero tal vez, la fundamental, es que no podemos medir con nada el rendimiento diario de nuestro empeño. Ojala esté equivocado con esta apreciación. Mientas que el líder empresarial dispone de información puntual y exhaustiva de sus logros, el católico no solo no tiene esa valiosa información sino que es acechado, en todo momento, por sus propias debilidades como ser humano que es.
Dice Tomas H de Kempis: ¿Por qué no tomas precauciones con miras al día del juicio, cuando nadie podrá ser disculpado por otro, porque cada cual tendrá harto que hacer para llevar su propia carga.
¿Qué hacer? Podríamos plantearnos iniciar o continuar una vida espiritual que nos haga alcanzar la meta mas anhelada y ello lo lograremos más fácilmente proponiéndonos ser un líder de verdad, un referente o, por qué no, un Santo.
En las dos primeras decadas del Pontificado de Juan Pablo II, obedeciendo a las enseñanzas del Vaticano II, retó a la Iglesia de todo el mundo a reconocer que la santidad es el destino humano y cristiano de todos los bautizados.
Todas las ideas sobre un nuevo modelo de aprendizaje o un nuevo modelo de educación, buscan que los individuos dejen relucir lo mejor de sí mismos, que busque en su interior que es lo que les motiva, y que es lo que podemos aprender de cada uno. Es posible que sea necesario cambiar hábitos muy arraigados de modelos anteriores, pero solo hace falta derribar algunas barreras interiores, y abrirse a una nueva mentalidad de nuevas posibilidades de vivir una vida lograda.
Os imagináis un dialogo del siguiente tenor. ¿Y tú qué quieres llegar a ser en la vida? ¡Yo quiero llegar a ser Santo¡ y me estoy preparando para ello.
Merece la pena por que como dijo Sócrates: “Solo es bueno el conocimiento que nos hace mejores”